En estos tiempos de economías convulsas donde la palabra recorte
destaca por encima de otras muchas, me ha parecido interesante traer a estas
páginas un periodo histórico de igual flaqueza económica, en el que el rey,
Carlos II instó en numerosas ocasiones al conde de Fuensalida, para que
eliminara los gastos superfluos del ejército que capitaneaba en el estado de
Milán y realizara algunas otras reformas.
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La España de finales del siglo XVII presenta una imagen de imperio al borde del colapso. La decadencia iniciada con los reinados de Felipe III y Felipe IV se acentuaría aún más con la llegada al trono del hijo de este último; Carlos II apodado “el hechizado” por su aspecto grotesco y sus numerosos problemas de salud, de origen genético, provocados por la política matrimonial de bodas consanguíneas de su linaje.
Sin haber sido correctamente educado para ser rey e incapaz de administrarse
ni siquiera asimismo, dejó el gobierno en manos de nobles igualmente incapaces
de marcar el rumbo de un país que iba a la deriva y cuya hacienda mermaba
velozmente por las guerras mantenidas con Francia, Portugal, Suecia y Holanda y
las grandes cantidades de dinero que continuaban mandándose al extranjero,
tanto para los ejércitos en Flandes y Milán como para subvenciones a los
aliados.
Y es en uno de estos territorios españoles europeos; Milán, donde
encontramos a Antonio de Velasco Ayala y Cárdenas, 10º conde de Fuensalida,
como gobernador y capitán general del ducado (1686), atribuciones similares a
las de virrey.
El conde obtuvo sus títulos nobiliarios
en 1668 al morir sin sucesión su hermano Francisco de Velasco Ayala y Cárdenas,
9º conde de Fuensalida, conde de Colmenar de Oreja, Grande de España, señor del
estado de Villerias y de las villas de Lillo, Huecas, Humanes y Guadamur,
alguacil mayor perpetuo y hereditario de la imperial ciudad de Toledo. A estos
títulos heredados se le añadirían posteriormente los cargos de capitán
principal de las Guardias Viejas de Castilla, virrey de Navarra, capitán
general del reino de Cerdeña (1682) y gobernador y capitán general del reino de
Galicia.
Debido a la mencionada presión
económica por el elevado coste de mantenimiento de los distintos ejércitos
españoles desplegados por todo el orbe, Carlos II mantuvo numerosa
correspondencia con el conde de Fuensalida entre los años 1688 y 1690 solicitándole
que tomara medidas, entre otras, eliminar los gastos superfluos de sus tropas
en Milán, con el fin de aliviar las cargas que estaban soportando la población
de aquel ducado y la hacienda real. A continuación resumo algunos de esos
documentos:
27 mayo 1688 Documento 1: El Rey ordena al conde de Fuensalida, cumpla su
despacho del 3 de abril y alivie las cargas del estado [de Milán], que le ha
representado con gran desconsuelo, quitando del ejército las superfluidades y
abusos.
27 mayo 1688 Documento 2: El Rey manifiesta al conde de Fuensalida, en
contestación a una carta del 18 de febrero, que si no había otro remedio para
atender a las necesidades del estado que la anticipación de cien mil escudos,
que la realizara, teniendo en cuenta el perjuicio que dichas anticipaciones
ocasionaban al patrimonio de Milán y al Vilanzo.
27 mayo 1688 Documento 3: El Rey previene al conde de Fuensalida que
corrija los abusos de que se queja aquel estado y que sin dar lugar a nuevas
reclamaciones, experimente el beneficio que le propuso en las órdenes dadas para
corregir dichos abusos.
8 julio 1688 Documento 1: El Rey al conde de Fuensalida previniéndole que
disuada mañosamente a la congregación del estado del proyecto de mandar un
orador a la corte y que si insiste en ello le manifieste que bien por conducto
del conde o del agente que tiene en Madrid dicha congregación, represente las
causas que al nombramiento de un orador les obliga para resolver lo que
proceda.
8 julio 1688 Documento 2: El Rey avisa al conde de Fuensalida de la
remisión del despacho anterior y le previene que haga desistir de su intento a
la congregación y que para ello ponga en ejecución las órdenes que le tiene
dadas para reformar abusos y contribuciones indebidas.
22 julio 2688: El rey aprueba la proposición del conde de
Fuensalida de aplicar al Vilanzo los sueldos del veedor y contador general por
haber vacado esta plaza por muerte del que la desempeñaba.
16 septiembre 1688: Resuelve el Rey varios puntos de consulta que le
dirigió el conde de Fuensalida sobre reforma de abusos y rebaja de
contribuciones.
16 noviembre 1688: El Rey manifiesta al conde de Fuensalida que
respecto a la imposta de noventa mil libras deliberada por la congregación del
estado, ha resuelto lo que le comunica por conducto del Consejo de Italia.
25 noviembre 1688: El Rey aprueba lo que había ejecutado el conde de
Fuensalida con motivo de una nueva imposta de cinco mil libras al mes
deliberada por la congregación del Estado de Milán.
10 junio 1690: El Rey aprueba la determinación del conde de
Fuensalida, relativa a que las provincias de donde se sacaban algunas tropas
contribuyeran para su mantenimiento en el punto a que fueren estimadas.
20 octubre 1690: El Rey manifiesta al conde de Fuensalida, que por
conducto del Consejo de Italia resuelva las dificultades que encontraba la
congregación del Estado en que continuare el procurador general del reemplazo y
otros asuntos relativos a quejas del abad sobre reforma de tercios y de
contribuciones indebidas.
Diez años después de este último documento, moría sin
descendencia Carlos II, poniendo fin a la rama española de los austrias y provocando
un conflicto europeo por conseguir la corona española; la Guerra de Sucesión,
durante la cual el país perdió el resto de su imperio en el continente, es
decir, Flandes, Milán, Nápoles, Sicilia y Cerdeña, rebajando a la nación a
potencia de segundo orden frente a Francia y, sobre todo, Inglaterra.
Documento original: FRIAS,C.87,D.35
(Sección Nobleza del Archivo Histórico Nacional)

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