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miércoles, 11 de junio de 2014

El milagro de Berciana (III)

Publicado en la revista Camarus, marzo 2014

Terminamos con esta entrega, la narración de la aparición mariana:

“Hice mucha cura por ver la carta, que la santa virgen había dado al pastor Pablo Tardío, quien me hacía saber e todos los de este pueblo me lo atestiguan habían puesto en la custodia, y no la pude hallar, ni quien me hiciese noticia de cómo faltaba. Loado sea Dios, que en estos tiempos tan revueltos, más cura hacen los hombres de las armas, que de las historias, y más en la guardia de sus haciendas, que de los papeles y noticias. ¡Loada sea la Virgen María en Berciana aparecida, que envió tal reliquia! Amén.

Ordenóse luego al punto una devota y arreglada procesión de los sacerdotes, justicia y plebe compuesta y cantando la letanía de Nuestra Señora, caminaron presurosos (aunque en orden puestos) del pastor Pablo Tardío guiados, a la dichosa dehesa de Berciana. Llegaron al sitio y tronco cortado de la encina, pusiéronse todos de rodillas, derramando tiernas lágrimas, y afectuosas súplicas, y luego cavaron con mucha reverencia a la misma raíz del cortado tronco de la encina y a poca diligencia hallaron una arquita de madera, sacáronla de la tierra, diciendo en altas voces: ‘¡Aquí está la imagen de Nuestra Señora, aquí está el tesoro que buscamos, y aquí está la efigie de nuestra soberana reina!’.

Abrieron la feliz arquita lo dos sacerdotes y vieron, ¡oh maravilla! registraron ¡oh prodigio! Dentro de ella a esta nuestra poderosa y sacrosanta imagen de María Santísima, quien de su divino rostro despedía tantas luces y resplandores, que a todos causó admiraciones. Y exhalaba tan subidos olores y fragancias, que a todos inundaron de tantos consuelos, que pasaron algunos de los circunstantes a quedarse absortos, pues niel olfato podía sufrir tanta abundancia de suavidades, ni los ojos tolerar tanta copia de luces como salían de la imagen de nuestra señora.

Estaba vestida la soberana imagen de Nuestra Señora con una camisita de antiquísimo lienzo, su juboncito antiguo de damasco, al parecer azul, del cual pendía una basquiña o saya de la misma tela, sin más adorno que una franja negra, cairelada, en la parte inferior, cuyo vestido hoy le tiene puesto; y me dicen todos haber intentado quitársele para ponerle otro, y no haber podido. Es más largo que la sacrosanta imagen, e ignoro el misterio. ¡Alabada sea por siempre jamás! Amén.

Extendió el cura la mano a la sacrosanta imagen de Nuestra Señora, sacóla del arca, y enseñóla a la gente, que ya por verla se atropellaban unos a otros impacientes; pero, al verla en las manos del cura, todos se pusieron de rodillas, venerando a María Santísima en su imagen aparecida; lloraban de puro alegres y más con lágrimas, que con palabras, la daban gracias infinitas. Volvieron luego la soberana imagen a su arquita, y cogiéndola el cura entre los brazos, la trajeron en procesión a Méntrida. Colocáronla, metida en el arca, en el altar grande de la iglesia, en donde hoy se venera con mucha devoción, no sólo de todos los vecinos de este pueblo de Méntrida, sino también de otros lugares circunstantes y distantes, que vienen cada día a hacerla fiestas, a tributarla cultos y adoraciones, y a pedirla en sus necesidades remedio, con quienes hace, y ha hecho muchos milagros. ¡Loada, y alabada sea!. Amén.”

Actualmente no hay constancia ni de la ubicación de la cueva ni del tocón, ni siquiera la imagen que se venera en la ermita es la que se indica en la historia, que fue destruida en el 36, pero aún se mantiene, como recuerdo del episodio, la cruz que se levantó en el punto donde los demonios intentaron detener al pastor con empujones y silbidos y que toma precisamente de este hecho su nombre: la cruz de silba.



El milagro de Berciana (II)

Publicado en la revista Camarus, febrero 2014

Continuamos con la narración de la aparición de la Virgen en Berciana:

“Obedeció el pastor a lo que la soberana reina le mandaba, y dejando sus cabras, sin más replica, corrió a Méntrida con acelerado paso, apenas entró en este lugar, cuando comenzó a dar voces publicando el maravilloso suceso, llegó al teniente cura, que se llamaba Fortunato Vidal, intimóle la comisión que traía, y el cura no dándole crédito, comenzó a reírse del pastor, instaba este en su demanda, juntóse la justicia, Lope Rodríguez y Faustino Gómez, llegóse Antonio Moreno padre de misa, a todos declara Pablo Tardío el suceso y lo que les mandaba la reina soberana de cielo y tierra que quedaba en la dehesa de Berciana y así que fuesen a sacar su soberana imagen, que estaba allí escondida. Ninguno de estos, como de otros muchos que a la novedad se juntaron, quisieron creer al pastor, antes bien hicieron de él burla y de lo que decía ningún aprecio, tratáronle de fatuo, tonto y novelero, y que como tal, venía a engañar al pueblo con aquella fantasía, que había soñado, que se volviese a sus cabras a contarlas aquellas locuras y patrañas y si no, que le pondrían como a loco preso en una cadena.

Vióse el pastor Pablo Tardío no creído, conoció, que a sus palabras no se había dado asenso, camina presuroso a la dehesa de Berciana lleno de penas, y sentimiento, llegó al sitio en donde se le había aparecido la sacrosanta reina y suprema señora María Santísima, no la encuentra, ni con sus ojos la registra y aquí creció más su dolor y tormento, buscó con cuidado a la divina señora, vuelve y revuelve el tronco cortado de la encina, y como no hallaba señal, ni noticia, comenzó a llorar amargamente y lleno de notable desconsuelo se retiró a su cabaña, en donde halló todas sus cabras recogidas, paso toda la noche rezando y llorando, ya se consideraba indigno de que tan alta señora en aquel sitio y lugar le esperara, ya atribuía a sus culpas la ausencia de la reina de el cielo y tierra y ya dudaba, si había sido verdad, o fantasía lo que le había sucedido. Inclinábase unas veces a que había sido ilusión, y engaño de sus sentidos y que así con razón había sido despreciado y no creído, otras veces le persuadía a que lo creyese por verdad, y lo tuviese por cierto, una interior confianza en Dios y un superior impulso, que le certificaba haber sido la visión cierta y verdadera y así estuvo el pastor toda la noche luchando con estas dudas de pena, dolor, lágrimas y sentimientos acompañadas.

Comenzó a desabrochar botones de perlas el alba y el pastor, de humilde confianza lleno, salió de su cabaña o choza, enderezó sus pasos a la pequeña cumbre de la dehesa y al descubrir el tronco cortado de la encina, registróle florido y fecundo con la vara sacrosanta María Santísima, de la misma forma que antes se le había aparecido, constóse muchísimo el afligido pastor y postrado en la tierra, la refirió lo que le había pasado en Méntrida. ‘Señora, que no me quieren creer, responden a lo que les dije de orden tuya que es sueño, fantasía y mentira, levantada de mi cabeza, que soy un tonto y que no se debe hacer caso de mi dicho’. A estas palabras se digno la purísima Virgen responderle diciendo: ‘Toma esta carta, vuelve con ella a Méntrida, entrégala por señal, que a ella darán fe y a todo lo que has dicho entero asenso y creencia’. Levantóse el pastor del suelo y recibiendo con suma reverencia y acatamiento la carta de mano de Nuestra Señora, caminaba presuroso con ella a Méntrida, pero al dar vista al lugar, le salieron los demonios en varias y horribles figuras al encuentro, procuraron detenerle y le instaban a que atrás volviese, pero como no pudieron, con golpes y empellones le maltrataron.

Apenas le vieron las gentes, cuando comenzaron a hablar unas con otras: ‘allí vuele el tonto, y sobre tonto, porfiado, ello es sueño, y si no es sueño está loco, hay mayor delirio, pues nos quiere persuadir una cosa tan difícil de creer ahora estuviera la virgen María escondida en Berciana’. Pero el pastor, con claras voces, prorrumpió en estas palabras: ‘¡Ea señores!, ya me creerán lo que ayer, de parte de la señora reina María Santísima les dije; ahora me vuelve a enviar para que den crédito a lo que les digo, que vayan a Berciana a sacar, y descubrir una imagen suya, que está allí escondida y para que sepan que es cierto y verdad lo que les refiero, tomen esta carta, que es la señal que me ha dado, para que os la entregue.’

 Tomó el cura la carta y habiéndola leído delante de todos, ya de temor, ya de alegría y regocijo se quedaron como absortos y pasmados, mirándose unos a otros y luego que se recobraron de la admiración que les causaba tan prodigiosa novedad se postraron en tierra, dando gracias a la reina y señora María Santísima. Dieron al pastor entero crédito, besaban y veneraban la carta como a cosa bajada del cielo y cada vez que esto ejecutaban, sentían en sus corazones júbilos y contentos. Divulgaron el prodigio por todos los lugares circunvecinos, para que todos fuesen participantes de tan admirable portento.”…



El milagro de Berciana (I)

Publicado en la revista Camarus, enero 2014


Con la llegada de los musulmanes a la península y ante el miedo al saqueo y profanación de los lugares de culto cristiano, se ocultaron por toda la península imágenes y otros elementos de valor, con la esperanza de que la contienda fuera breve y por tanto pudieran ser prontamente recuperados.

Pero los acontecimientos se desarrollaron de otro modo y el paso de los siglos de ocupación islámica hicieron olvidar aquellos tesoros escondidos, algunos de los cuales terminarían emergiendo con el tiempo, fruto del azar o de episodios extraños.

Estas preocupaciones debieron compartir los habitantes de Bercicalia[1] que escondieron en una cuevecilla la imagen de su virgen al comenzar la invasión. Es de suponer que la población fuera abandonada durante el periodo islámico y el tiempo acabara borrando el rastro de la misma, hasta llegar al espeso monte de encinas, donde siglos más tarde la imagen sería descubierta el 24 de abril de 1270 por un pastor de cabras mediante indicación de la Virgen María.

El año de 1293, el por aquel entonces cura de Méntrida Braulio Gómez, conoció a dicho pastor; Pablo Tardío y recogió su relato en 5 hojas de pergamino que durante un tiempo fueron custodiadas en el monasterio benedictino de Santa María la Real de Obona (Asturias), hasta que siglos después, fray Luis de Solís los trasladó junto con otros documentos al convento de la villa de Camarena, sirviéndole de base para la publicación del libro “Historia del prodigioso aparecimiento de la milagrosa y soberana imagen de Nuestra Señora de la Natividad” (Madrid 1734).

La narración incluida a continuación, y que por extensión, dividiremos en varias entregas, es la transcripción que originalmente hizo Braulio Gómez de las palabras del pastor:

 “Vive este año de 1284 del nacimiento de Nuestro Señor, y redentor Jesucristo, en este lugar de Méntrida, un hombre de 60, Pablo Tardío llamado. Empleábase este en guardar cabras, a quienes pastoreaba para la conservación de su vida, en los montes y dehesas a esta población de Méntrida cercanas, siempre que entraba con sus cabras en la dehesa de Berciana, sentía en su corazón no sé qué misteriosa novedad, que ya le causaba alegrías y ya la infundía temores y esto le acaecía con mayor fuerza los sábados, pues en todos, por espacio de más de 10 años, hacia un pequeño cerro, que está a la otra banda del arroyo, unas veces oía música, que le alegraba, otras veces, estruendos, que le atemorizaban y por las noches, advertía muchas candelillas encendidas, que circundaban el pequeño cerro. Juzgaba este pastor, que era ilusión de sus sentidos, o patraña del enemigo y así no hacía caso de ello, antes bien se encomendaba a Dios y a su Madre Santísima por medio de sus oraciones. 

Un día que se aumentaba la música, sintió en sí el pastor Pablo Tardío impulso superior de subir a la pequeña cumbre, para saber cual fuese la causa de tanto sonoro instrumento, púsole muy de veras en Dios, y con humildad, y temor comenzó hacia la cumbre a caminar y al llegar a ella, vio, advirtió, y registro, que estaba patente y a lo descubierto la reina soberana de los cielos y tierra María Santísima Señora Nuestra, a quien servía de alfombra el tronco pequeño de una cortada encina, estando María Santísima colocada sobre él, como sobre un precioso trono de zafiro, al ver tal prodigio, quedóse el pastor lleno de temor, admiración y espanto. Admirábase de la hermosura, y belleza con que la Soberana Señora, resplandecía y brillaba, causábale terror, y espanto lo nuevo y peregrino de suceso tan elevado, como de sus ojos nunca visto, ni aún de su entendimiento imaginado, enajenados los sentidos, no acertaba a hablar y embarazadas las potencias con visión tan prodigiosa, no podía discurrir en lo que había de ejecutar, arrojóse humilde y reverente al suelo, adorando y besando la tierra, que pisaba tan soberana, como prodigiosa reina.

Y estando Pablo Tardío postrado en el suelo, la Virgen le habló: ‘Anda, Pablo, a Méntrida, da cuenta de lo que estás viendo y de mi parte dirás a los sacerdotes y justicia, que vengan con reverente procesión a este sitio, y saquen una imagen mía que está aquí oculta, para que la lleven a colocar a su iglesia, pues quiero enriquecerlos con ella y de los peligros y ahogos sacarlos y libertarlos.’

Alentado el pastor Pablo Tardío, con estas dulcísimas palabras de María Santísima, se levantó de la tierra y puesto de rodillas, cándido y sencillo la respondió de este modo: ‘Señora, con mucha voluntad iré a Méntrida a dar la tan grande nueva, haciendo lo que me mandas, pero no hay quien me guarde mis cabras y se me perderán mientras que voy y vengo’. A este temor de Pablo Tardío, satisfizo la clementísima reina diciendo: ‘No temas que tus cabras se pierdan, yo seré pastora de ellas y así ejecuta lo que te mando que tu ganado a mi cargo queda.’”...



[1] Antigua población romana ubicada en la dehesa de Berciana (Méntrida) de la que tratamos en algún número anterior.

Algunos datos sobre la antigua población de Bercicalia (Méntrida)

Publicado en la revista Camarus, agosto 2013

El paso del tiempo no sólo acaba con personas y cosas, en ocasiones bruscos cambios sociales provocados por desastres naturales o las acciones bélicas han puesto fin a poblaciones y ciudades de fuertes cimientos culturales.

Una muestra de ello es la ciudad de Bercicalia, de ignoto pasado y que se levantó al oriente del actual término municipal de Méntrida.

Según la leyenda, fue fundada esta villa por el rey Brigo o Brigio, cuarto nieto de Noé, que habría llegado a estas tierras por mar, tras el Diluvio Universal a finales del segundo milenio antes de Cristo. Y en su honor, tomó el nombre de Brigij-calia o Brigo-calia (castillo o ciudad de Brigo), que con el transcurrir de los años se transformó en Bercicalia y muy posteriormente en Berciana, como se conoce actualmente al paraje donde se situó la villa.

En relación al nombre, algunas fuentes aseguran que Brigo significaría abundante, saludable y Calia o Cala, haría alusión a la voz griega Calos; hermoso y delicioso. Otras en cambio, traducen Calia como campo cultivado.

Sea quien fuere su fundador, lo que parece no tener discusión es su origen prerromano, aunque es justamente con la llegada de Roma, cuando la población llegó a su momento de mayor desarrollo. El Conde de Mora en su libro “Historia de la imperial, nobilísima, ínclita y esclarecida ciudad de Toledo” (1654) indica en alusión a Berciana “hanse hallado en esta dehesa grandes ruinas de población romana”.

Se documentan igualmente algunas inscripciones grabadas en piedra con varios filetes y diversos epígrafes:

Una adornada con un sol o rueda de carro y el texto “A Aulo Mumion Anteroz, natural de Bercicalia, hijo de el Cinio, de 60 años que yace aquí sepultado”.

Otra con lo que parece el dibujo de un grifo y que reza: “La república espléndida e ilustre de los Bercicalienses pone estatua a Aulo Mumion, hijo de Cayo Cinio, que fue uno de los dos que la gobernaron y su questor[1] cinco años”.

Otra más: “Auro Atecio Bercicaliense, hijo de Q. Alon, de 40 años, está aquí sepultado. Séale la tierra ligera.

Y una columna cuadrada, de 2,5 metros de alto, fue encontrada posteriormente a la publicación de dicho libro, hacia 1694. Presentaba una leona que en una garra portaba un cetro y bajo ella la siguiente inscripción “A Brigo, Rey y fundador, la República Brigij-calia dedico esta columna de buena voluntad”. Desgraciadamente, la columna fue partida con el fin de servir de peanas para las Cruces del Santo Calvario y con el tiempo las letras desaparecieron.

En el terreno numismático, se han encontrado monedas de varios emperadores; entre ellas una del emperador Gordiano (S. III) y otra de Julia Mammea, que por una de sus caras muestra la leyenda “Felicitas Publica”.

Lamentablemente, no existen datos que hablen del ocaso de Bercicalia, que ya en el siglo XVII tan sólo era un paraje del que se decía que era un lugar perfecto para edificar una población, pues se encontraban en la zona copiosas fuentes de agua y un arroyo suficientemente caudaloso para regar las vegas que se extienden a uno y otro lado, produciendo abundantes pastos y donde crecían numerosas hierbas medicinales conservadas todo el año por no marchitarlas las escarchas.

Y eso es hoy Bercicalia, un paraje donde la única construcción existente es la ermita de Berciana, del siglo XVI, levantada en conmemoración de la aparición de la Virgen en 1270, pero esa es otra historia…


[1] Juez.


martes, 10 de junio de 2014

Nuestros pueblos a mediados del s. XIX (8) Méntrida

Publicado en la revista Camarus, diciembre 2012

Méntrida.
               
   Villa con ayuntamiento en la provincia y diócesis de Toledo (8 leguas), partido judicial de Escalona (4 leguas), audiencia territorial de Madrid (8 leguas), capitanía general de Castilla la Nueva. Situada en territorio quebrado, es de clima suave, reinan los vientos de este y oeste y se padecen hernias, reumas e intermitentes endémicas, que no desaparecen en ninguna época del año. Tiene 670 casas en calles pendientes, desiguales y mal empedradas; consistorial, cárcel, un palacio perteneciente al señor duque del infantado, una escuela de niños dotada con 2.200 reales de los fondos públicos y de varias fundaciones que producen 792 por la enseñanza de 22 niños pobres, a la que asisten 100, otra de niñas con 720 reales en la que se educan 16, iglesia parroquial dedicada a San Sebastián, con curato de término y provisión ordinaria, el edificio es bastante sólido, de 3 naves sostenidas por 14 columnas y torre elevada en la que existe el reloj de la villa. En las afueras 3 ermitas, una al noreste titulada de San Ildefonso, ruinosa, otra de San Roque al sur y la tercera a 20 pasos al oeste, dominando una hermosa vega de huertas, dedicada a Nuestra Señora de las Angustias, de gran devoción de los vecinos. Fue construida en 1645, según la piedra que forma la portada, todo el edificio es de ladrillo, de bastante capacidad y se encuentra en un estado excelente. Desde las tapias del pueblo se extiende una alameda, que aunque descuidada forma un paseo agradable hasta el arroyo del Juncar que pasa 400 pasos al sur. Se surte de aguas potables de una fuente que hay tocando a esta alameda, llamada del Caño, y en otra en el mimo paseo aunque sea en diferente dirección, llamada de la Rosa y del Clavel, nombres que se dan a los dos caños que tiene, en los que se observa la particularidad de ser agua notablemente distinta la del uno a la del otro y últimamente al este hay otra con el nombre de Valdegotera que está a manera de pozo sin caño alguno.  

Confina el término al norte con el de Aldea del Fresno, este Valmojado, sur Torre de Esteban Hambran, oeste Villamanta y montes de Alamín a distancia de 1 legua próximamente y comprende una buena vega que principia al sitio de las Cabezadas y sigue hasta los expresados montes en que concluye, plantada toda ella de olivar y de huertas, siendo sumamente productiva. Bastante viñedo, 2 dehesas de monte hueco, cuyo arbolado se encuentra en un estado mediano, llamada la una del Cano, como a 600 pasos de la población, y la otra Berciana a poco más de ¼ de legua. Le bañan muchos arroyos, que hacen un país pintoresco por los árboles y arbustos, que en sus pequeñas riberas produce el terreno, sin auxilio alguno del arte. Corre por medio del pueblo el llamado Valcornejo que suele quedar sin agua en los meses del estío, y en lo restante del año desagua en la de la Solana que corre al sur de la villa y desagua en el del Juncar que corre en igual dirección como a 400 pasos hasta desaguar en Alberche. Además de estos se hallan los arroyos de Mazalba al sur, Berciana y Valcarrillo al norte y Santa María al oeste. El terreno es en la mayor parte bastante desigual, con pequeños barrancos y más a propósito para plantíos, en que está empleado lo mejor, que para el cultivo de semillas. Los caminos, vecinales y de herradura, aunque también transitan carruajes. El correo se recibe en Valmojado por valijero 3 veces a la semana. Productos: Vino, aceite, abundante hortaliza, trigo, cebada, toda clase de semillas, frutas. Se mantiene ganado vacuno, de cerda y se cría mucha caza menor. Industria y comercio: 3 tahonas y 4 molinos de aceite, 2 de chocolate, 3 lonjas surtidas de paños, telas de hilo y algodón, sedas, bacalao, azúcar y otros efectos. Se exporta en gran abundancia el vino, aceite y frutas, particularmente la uva temprana que se trae a Madrid y los higos frescos y secos, que por su buena calidad se venden bien, se importan cereales por arrieros del pueblo y forasteros. Población: 642 vecinos, 2.620 almas. Capital productos: 1.591,566 reales. Imponible: 51.369. Contribución: 103.221 sin contar la de culto y clero. Presupuesto municipal 20.000 del que se pagan 4.400 al secretario por su dotación y se cubre con los bienes de propios y repartimiento vecinal.

Esta villa fue en su origen una pequeña aldea de Alamín, después se hizo villa y en ella, hasta que se han extinguido los señoríos, le ha tenido el Sr. Duque del Infantado.
   
Bibliografía:
Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de España y sus posesiones de ultramar

Pascual Madoz 1845